Que tú eras mi golpe de suerte.
Lo soñé un día antes de quererte
y un poco después de sacar tu rostro
del mar confuso de rostros del otro
donde estoy sumergida hasta los hombros
que me ahoga en la calle
y me empapa incluso cuando huyo
al falso refugio de mi cuarto.
Porque tú eras mi golpe de suerte.
Corrí a romper las delgadas paredes
hechas de papel y de azúcar
que me rodeaban el alma ególatra,
como llevada por mano ajena
en inverosímil hechizo o maldición
conjurado en completo destiempo
con el reloj de tu corazón.
¿Eras tú mi golpe de suerte?
Me pregunté a lo lejos desde el vacío
saliendo perpleja del embrujo
como quien sale de lo oscuro hacia la luz
platónica caverna de platónico amor solamente
donde, lo he pensado seriamente,
halle el golpe de suerte
de tu desencuentro.
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